Cómo deben ser los contenidos de e-learning para empresas

Últimamente se habla mucho de e-learning ya que ofrece infinitas posibilidades a la hora de ofrecer formación continua. Permite formar a muchas personas en poco tiempo se adapta a cualquier tipo de contenido y a los horarios del receptor. Sin duda son muchas las ventajas de este método pero ¿cómo aplicarlo a la formación programada por las empresas?.

Al igual que sucede con las otras modalidades formativas, el e-learning está siendo víctima de la subjetividad con que se interpretan las normas en las distintas administraciones que gestionan las subvenciones. A pesar de que la Ley 30/2015, del Sistema de Formación Profesional para el Empleo en el Ámbito Laboral habla de la necesaria flexibilidad que ha de regir para este tipo de cursos, en la práctica sigue habiendo demasiada rigidez y subjetividad en el sistema. Así, lo que en una comunidad autónoma se bonifica, en otra no se permite, lo que en unas se acepta, en otras puede llegar a ser sancionado.

De este modo, los centros de formación nos vemos obligados a trabajar en una constante incertidumbre, bajo un intolerable pero real clima de inseguridad jurídica. Por estos motivos, desde AECFE hemos elaborado algunas propuestas que deberían figurar en la normativa que desarrolle la Ley 30/2015. Desarrollo que es imprescindible llevar a cabo urgentemente.  

Dado que es un tema arduo y muy importante para nuestro sector, vamos a dedicarle varios artículos. En este primero nos centramos en los contenidos.

 

Accesibilidad 

Aunque la Ley 30/2015, en su artículo 14.1, dice que las plataformas y contenidos de teleformación deben ser accesibles, no determina el nivel de accesibilidad mínimo requerido. Desde AECFE queremos hacer constar, de cara a la futura regulación de este aspecto legal, que el e-learning dirigido a empresas tiene peculiaridades que es necesario tener en cuenta.

El tejido económico español está formado, principalmente por micropymes, que representaban en 2014 el 89,3 % de las empresas con asalariados inscritas en la Seguridad Social. Estas entidades tienen dificultades a la hora de realizar formación ya que tiene que contratar cursos para muy pocas personas y el coste por trabajador se dispara. De hecho, más de la mitad de los cursos que se realizaron en micropymes  fueron distancia y es lógico pensar que la teleformación será la modalidad que elija la mayoría de estas empresas.

Partiendo de esta premisa, queremos advertir de las consecuencias que tendría una excesiva rigidez en la reglamentación de la accesibilidad de los contenidos. Si se pretendiese, por poner un ejemplo, que los protocolos fuesen los mismos requeridos para los certificados de profesionalidad, es decir AA o AAA, es probable que el sistema de formación a empresas se viese muy resentido. Esto se debe a que el 95% los contenidos ya existentes no están adaptados a dichos requerimientos y adaptarlos supondría un gran sobrecoste que la mayor parte de las empresas no podrían asumir. La consecuencia sería que dejarían de contratar formación.

Debido a estas cuestiones, proponemos que el desarrollo normativo de la ley establezca, en un principio, la obligación de que el nivel mínimo de accesibilidad para los contenidos de formación programada para empresas sea el A y que, progresivamente, se vayan imponiendo el resto de niveles.

 

Interactividad 

Una de las ventajas del e-learning sobre la casi extinta formación tradicional a distancia, es la interactividad, un recurso fundamental que facilita y enriquece el aprendizaje.

Gracias a ella, el alumno puede, de manera sencilla e intuitiva, acceder a definiciones de términos, ver y ampliar imágenes, trabajar con mapas conceptuales e información complementaria y, en algunos casos, devolver un feed-back para mejorar el contenido.

La interactividad no se puede limitar a colgar y descargar PDF de una plataforma, sino que debe ser una herramienta realmente útil y diferenciadora de este tipo de formación.

Por ello, desde AECFE consideramos que la teleformación dirigida a empresas debe tener contenidos de alta calidad que sean realmente interactivos. No se debe permitir que un curso conste tan solo de ficheros para descargar como  si se tratara de un curso a distancia tradicional.

Por supuesto, aunque la teleformación permite gran flexibilidad, los cursos han de tener una estructura clara, plasmada en un índice, para que el alumno sepa siempre en que fase de los mismos se encuentra.

Además, aunque no es obligatorio, recomendamos que los contenidos sean multimedia. Es decir, que incorporen elementos como audios, videos, podcast, etc. que favorezcan el aprendizaje.

Queremos aclarar, respecto a la propiedad intelectual, que ha de ser la empresa proveedora o gestora de la formación quien disponga de las licencias necesarias para el uso de los contenidos.

 

Carga lectiva
En AECFE consideramos que, por sus particulares características, la carga lectiva de la teleformación no puede medirse tan sólo en las horas que se deberían consumir con los contenidos principales de cada tema.  Esta modalidad puede poner infinidad de recursos al alcance del usuario con el fin de mejorar la calidad de su formación. La utilización de los mismos implica que le van a dedicar más tiempo al aprendizaje. Ya se trate de videos, locuciones, chats, videoconferencias u otras opciones debería computarse, al menos, el tiempo que consumen. Pero ¿cómo medir ese tiempo? Podría cuantificarse la carga lectiva partiendo de la media de tiempo utilizado por los que han superado el curso con éxito. Así, estableceríamos la necesidad de que el alumnado esté conectado durante al menos el 15% del tiempo medio a la acción formativa, para que se considere superada.

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