La edad de la economía del conocimiento

Las economías desarrolladas, entre las que debe incluirse España, viven una nueva era, basada en el conocimiento. Es necesario crear inmediatamente una oferta formativa que garantice empleabilidad y desarrollo.

La época de la producción en serie acabó. Según el análisis realizado por el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (CEDEFOP), los nuevos empleos demandan cada vez más cualificación y formación. Para los próximos años se espera que el 73% del crecimiento del empleo previsto corresponda a profesionales y técnicos; si echamos un vistazo a las tendencias a medio y largo plazo en nuestro país para 2024, 779.400 puestos corresponderán a esta categoría (en ramas como ingeniería, ciencia, salud, AAPP y empresas, derecho y cultura). El segundo gran bloque (282.300 empleos) lo abarcan servicios de restauración, personales, de protección y vendedores.

Cabe destacar el importante descenso de la demanda de oficinistas (250.000 puestos destruidos), sin duda como consecuencia de la implantación de los TICs en las empresas. También bajan drásticamente los trabajos cualificados en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero (122.400 menos), y, en general, los puestos manuales cualificados, con descensos de: 60.400 operarios y oficiales de procesamiento de alimentos, confección, ebanistas y otros artesanos, 49.700 trabajadores del metal, construcción y afines, 44.300 conductores de vehículos y operadores pesados móviles y 32.600 operadores de máquinas y de instalaciones fijas, como datos más relevantes.

Por otra parte,  la nueva tendencia incide en la búsqueda de empleados que,  además de las habilidades propias de su puesto, tengan gran flexibilidad para adaptarse a los cambios (constantes y necesarios en el mundo globalizado en el que vivimos). También deben desarrollar una capacidad de autonomía y responsabilidad impensables hace algunos años. No sólo cambia el perfil de los puestos ofertados, si no que las cualificaciones formales deben complementarse con otras habilidades necesarias en organizaciones cada vez más abiertas y comunicativas.

Nuestros vecinos europeos han sabido leer esta tendencia y están preparando a sus empleados para afrontar los nuevos retos. Mientras, España tiene un doble problema con el nivel de formación de sus trabajadores. Por una parte, el 42% de la población está infracualificada. De hecho, 11 millones de personas ni siquiera han terminado la ESO. Por otra parte, en cualificación superior está a nivel de la OCDE, pero el país carece de titulados de grado medio, que son los que más demandan las empresas, así que muchos universitarios tienen que desempeñar puestos que están por debajo de su titulación y expectativas profesionales.

Los datos evidencian que debemos dar urgentemente un giro. La formación para el empleo tiene que ampliar y actualizar su oferta para dar cobertura a los nuevos yacimientos de empleo que todavía no tienen asociados certificados de profesionalidad. Entre ellos, big data, marketing digital, ecommerce, robótica. Es necesario crear inmediatamente una oferta formativa que garantice empleabilidad y desarrollo.

 

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