Cómo evaluar al alumnado en el e-learning para empresas

El e-learning no sólo es la formación del futuro, sino también la del presente. Actualmente su crecimiento como modalidad elegida en la formación programada para empresas es imparable. Esto se debe a que ofrece una flexibilidad inaudita hasta ahora y tiene la capacidad de adaptarse, casi inmediatamente, a los cambios en las necesidades de adquisición de habilidades y conocimientos que impone el mercado de trabajo. Sin embargo, todavía existen muchas dudas en cuanto a la mejor manera de realizarla porque la Ley 30/2015 por la que se regula el Sistema de Formación Profesional para el Empleo en el Ámbito Laboral está pendiente de ser desarrollada con normativa específica.

Por este motivo, hemos dedicado un post a explicar cómo deberían ser los contenidos en la teleformación y dedicaremos otro a los requisitos que deberían cumplir los docentes, así como a las características técnicas que debe tener la plataforma. En esta ocasión, hablamos de las obligaciones del alumnado. ¿Cuándo se considera que una persona ha adquirido correctamente su formación en esta modalidad?, ¿Qué y cómo debe demostrar las aptitudes y conocimientos?.

En e-learning existen dos grandes parámetros para evaluar: el tiempo que el usuario ha dedicado a su formación, que debería ser de al menos el 10% de la duración total del curso, y los controles de evaluación y el uso del contenido. El alumno tiene que realizar al menos el 75% de los controles de evaluación del curso y haber ejecutado el mismo porcentaje del contenido interactivo para ser considerado Apto.

La Ley 30/2015 dictamina que las pruebas de evaluación deben ser objetivas, pero no determina cuántas hay que hacer, de qué tipo pueden ser o cuantas oportunidades tiene un alumno para repetirlas en caso de no superarlas al primer intento.

Como los cursos pueden ser de duración muy variable, es mejor establecer unos criterios amplios y sencillos de aplicar a cualquier formato elegido. Así, se realizaría un control por cada unidad de aprendizaje, que podría estar al final de la misma o distribuida a lo largo de su desarrollo o, si fuesen demasiado largas, se haría al menos uno cada 20 horas lectivas.

Por su parte, con el fin de asegurar que el alumno tiene conocimientos de todas las temáticas tratadas en el curso, se haría una pregunta por cada 4 horas lectivas.  En cuanto al tipo de cuestiones, dependería del contenido a evaluar. En ocasiones se puede demostrar mejor el aprendizaje respondiendo a un test, pero en otras es preferible utilizar supuestos prácticos, respuestas de verdadero o falso, árboles de decisiones, etc. Si bien, la manera de puntuar no es idéntica para todas ellas, ya que el nivel de dificultad que entrañan es diferente. En general, se considera que los test requieren menor esfuerzo para el alumnado que los casos prácticos o el desarrollo de contenidos, por lo tanto, no pueden valer lo mismo.

En la práctica, se suele estipular que un caso práctico equivale a 10 respuestas correctas tipo test, una pregunta de desarrollo a 5 preguntas tipo test y una de respuestas cortas, a 2 tipo test.

Lógicamente, estamos hablando de requisitos mínimos generales pero, a mayores, los centros podrían incluir todos los sistemas autoevaluación que consideren oportunos para facilitar el aprendizaje. Estos sistemas sirven para afianzar los conocimientos adquiridos por el alumno y pueden ser repetidos infinitas veces si el usuario lo considera oportuno. Sin embargo, los controles de evaluación deberían aprobarse en un máximo de tres intentos, si bien, los centros podrían establecer sistemas de recuperación que consideren oportunos para que el alumnado logre superarlos con éxito.

Por supuesto, todo el proceso evaluativo debería quedar correctamente registrado en el sistema. Al igual que en la formación offline, no es suficiente con que se guarden las calificaciones del alumnado, sino que debemos conservar sus respuestas a las pruebas así como las fechas y horas en que fueron realizadas, de tal modo que cada alumno pueda disponer de manera sencilla de toda la información.

Por último, hay que señalar que si bien los cursos tienen estipulada una fecha de finalización, debería existir cierta flexibilidad en la misma en caso de que un alumno no pudiese realizar todos los controles a tiempo, dadas las características de este tipo de formación y de sus usuarios.

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